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Después de un año de relativo alivio debido a las ayudas del Gobierno, muchos ciudadanos se han encontrado con una desagradable sorpresa al revisar sus facturas de la luz correspondientes al mes de enero. La llegada de 2025 ha supuesto el regreso de la aplicación del 21% de IVA al precio de la luz, al expirar la reducción al 10% que se aplicó para aliviar el golpe de la crisis energética. Este susto, que no por anunciado resulta menos ingrato, ha reavivado el interés por las posibilidades económicas que ofrecen las placas fotovoltaicas domésticas. Y es que la Región de Murcia, con unas 3.000 horas de sol al año, es uno de los puntos de Europa favoritos del astro rey, pero los elevados precios de las instalaciones tradicionales, la falta de espacio en los hogares y los trámites legales siguen siendo importantes barreras para que a las familias les salgan las cuentas.
Una alternativa todavía poco conocida, pero que comienza a ganar adeptos entre los murcianos, son los kits fotovoltaicos autoinstalables en balcones. Estos paneles ligeros y modulares se pueden instalar de forma sencilla, sin necesidad de mano de obra ni conocimientos técnicos especializados, y suponen una solución de energía solar viable para familias que no disponen de una azotea o una terraza para acometer una instalación tradicional, por no hablar de la inversión económica que supone.
Estos sistemas que se están empezando a comercializar en España parten de una horquilla de precios de entre 500 y 900 euros, y están diseñados para ser colgados de cualquier balcón. Se aseguran a través de un sencillo sistema de bridas de acero y nylon, y su tamaño no difiere demasiado del de las pantallas de ocultación o cañizos que se suelen colocar para proteger la privacidad. Por ejemplo, la empresa valenciana Tornasol oferta un kit compuesto por dos paneles de 200w, con un tamaño de 140x87,5 cm cada uno, o bien uno de 310w de 200,9x88,5cm. Por su parte, la opción básica de Econovo, una firma que vende también a través de Leroy Merlin, incluye dos unidades de 210w, de un tamaño de 113x90cm cada una. Similares dimensiones, precios y capacidades ofrecen los kits comercializados por EcoFlow y Robinsun. En todos los casos se trata de placas flexibles, sin vidrio y con un peso de tres a cinco kilos, según el modelo.
Para Hans, de origen alemán pero residente en Murcia, los balcones solares no son una novedad: «En Alemania son muy conocidos», cuenta a LA VERDAD, así que no tuvo que pensárselo demasiado para adquirir uno de los equipos de Econovo, que precisamente están diseñados en su país de origen. De ellos destaca su facilidad de instalación: «La hice yo solo y tardé unos diez o quince minutos». Según asegura, está «muy satisfecho» y se encuentra valorando añadir algún panel adicional y una batería para poder usar durante la noche la energía solar sobrante almacenada durante el día.
Una de las ventajas de estos kits es que, al ser modulares, pueden ampliarse. Es el caso de José Andrés Moreno, quien dispone de dos balcones contiguos en su vivienda de Los Alcázares, lo que le permitió colocar dos unidades del modelo de dos metros de ancho de Tornasol y no descarta instalar más en el futuro o comprar una batería. Según asegura, el proceso fue «sencillísimo», y la única complicación que tuvo fue tener que sacar un enchufe al exterior para poder conectar el inversor, un accesorio que se encarga de transformar la energía continua generada por las placas en corriente alterna que pasa al fluido eléctrico del hogar. Mientras ese proceso de alimentación está activo, el contador del consumo de luz se ralentiza o incluso puede detenerse por completo en los momentos centrales del día, si se genera más electricidad de la que se consume.
El rendimiento económico de este tipo de instalaciones depende de numerosos factores, como el número de paneles instalados, su ubicación, las condiciones climáticas y, sobre todo, la orientación de la vivienda. En la mayoría de los casos, un balcón solar pequeño no sería suficiente para cubrir toda la demanda energética de una vivienda, por lo que la autonomía energética no sería una opción, pero sí podría suponer un alivio notable en la factura de la luz.
Econovo sostiene que sus kits son capaces de producir aproximadamente el 50% del consumo anual del hogar. En caso de disponer de un kit de 800w, la electricidad generada podría llegar a cubrir «el consumo anual de un frigorífico, un lavavajillas, una lavadora y un televisor» y un ahorro de 400 euros al año. Cifras similares promete Tornasol, con un ahorro anual de unos 377 euros con una instalación de 800w. En ambos casos el descuento en la factura de la luz de los dos primeros años de funcionamiento podría bastar para dar por amortizada la inversión.
Hans, cuya vivienda de la capital se encuentra en un tercer piso que recibe sol directo durante todo el día, asegura generar hasta «uno o dos kilowatios al día», aunque la cifra puede variar considerablemente dependiendo de las condiciones. En el mejor caso, a nivel de ahorro directo en la factura, estima que «antes a lo mejor pagábamos unos 100 euros y después pasamos a pagar unos 60 euros».
El caso de José Andrés Moreno es algo particular porque su vivienda de Los Alcázares es una segunda residencia vacacional, por lo que su consumo es muy variable: «Ahora estoy gastando poco, espero que en verano se note más». Sí ha podido comprobar que el frigorífico, el wifi o el termostato, aparatos que hacen un gasto constante aunque no esté en casa, pueden llegar a funcionar a coste cero en las horas centrales. «No pago luz a mediodía», señala, al hilo de una gráfica de del pasado 19 de febrero donde se muestra un consumo cero de la red eléctrica desde las 10 a las 13 horas. En cuanto al ahorro directo, ha notado en las facturas «una ligera bajada» que rondaría «unos quince euros» al mes, pero reconoce que «es posible que mucha de la energía que genero la esté regalando cuando no estoy».
Ese excedente de energía solar no consumida se vuelca en la red pública, algo positivo para el medio ambiente pero de nulo provecho para el bolsillo. Existe la posibilidad de acceder a una remuneración a cambio de los excedentes, pero las comercializadoras apenas pagan unos pocos céntimos por cada kilovatio-hora y para ello es necesario obtener un certificado, usar un inversor de vertido cero y llegar a un acuerdo con la compañía eléctrica correspondiente. En su lugar, la instalación de una batería sería una opción más rentable a largo plazo, a pesar de que su elevado precio dispararía la inversión inicial a más del doble.
Dado que los kits solares para balcones no necesitan obra ni conllevan ninguna modificación estructural de las viviendas no es necesario solicitar permisos municipales. No obstante, desde el Colegio de Administradores de Fincas de Murcia (Coafmu) se advierte de que su instalación tiene que contar con el beneplácito del 80% de los vecinos, es decir, cuatro quintos, si se reside en una propiedad horizontal.
«La fachada es un elemento comunitario y, por lo tanto, cualquier modificación de aspecto debe llevarse a una junta de propietarios», explica a LA VERDAD Antonio Ruiz, responsable de Comunicación de la entidad, quien hizo hincapié en que «algunas comunidades cuidan mucho la estética de la fachada» y este tipo de instalaciones «no pasan desapercibidas».
El profesional tampoco ocultó sus dudas sobre la seguridad de los sistemas de sujeción de estos kits. «Las bridas podrían romperse y la placa caería a la vía pública», opinó. También hizo un llamamiento a ser realista en cuanto a su rendimiento económico: «Va a ser positivo solamente en aquellas viviendas que tenga una orientación con respecto al sol que les sea favorable. En muchos casos la producción energética no será óptima y por lo tanto se tardará en amortizar la inversión».
Ninguno de los dos clientes consultados por LA VERDAD tuvo problemas con sus vecinos. «Son paneles ligeros, los puedes coger con dos dedos y levantarlos sin problema. Es como si alguien pone una bandera en su balcón, pues yo tengo unas placas», cuenta Hans. Por su parte, José Andrés Moreno, lejos de haberse encontrado con oposición vecinal, está diseñando una pérgola cubierta por 76 paneles fotovoltaicos para la terraza del edificio, de la que se beneficiaría toda la comunidad. Este técnico de Navantia espera que su buena experiencia personal con estos kits sirva para dar luz verde, nunca mejor dicho, al proyecto: «Eso sí que daría un buen rendimiento porque conseguiría dos objetivos, generar energía y aportar sombraje».
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